El devenir cultural panameño ha permanecido en pausa durante prácticamente todo el año de pandemia y sus actores se han visto poco a poco acorralados entre proyectos cancelados, deudas robustas, inversiones perdidas y un futuro cercano muy incierto.

La pandemia asfixia la cultura panameña

 

Helkin Guevara.
Corresponsal Digital.

 

El devenir cultural panameño ha permanecido en pausa durante prácticamente todo el año de pandemia y sus actores se han visto poco a poco acorralados entre proyectos cancelados, deudas robustas, inversiones perdidas y un futuro cercano muy incierto.

Representantes de expresiones como danza, cine, música, teatro, literatura y más, comparten detalles de lo positivas que eran las proyecciones de las industrias creativas antes de que el coronavirus entrara en escena y de la situación límite que experimentan tras un año de crisis.

 

Tragedia en el teatro

El gremio teatral ha logrado medir con precisión el impacto de la pandemia, mediante la gestión de la Asociación de Teatristas de Panamá (Astep). El 12 de marzo de 2020, día en el que los teatros cerraron sus puertas, 28 obras se encontraban, plenas, en cartelera y otras 15 que estaban en etapa de ensayos también resultaron afectadas, además del Festival de Artes Escénicas, que tuvo que realizarse meses después de forma virtual.

El freno en seco desempleó a unos 600 teatristas (dueños de teatros y personal de planta, productores, dramaturgos, directores, asistentes de dirección, actrices y actores, diseñadores, operadores de luces y sonido, escenógrafos, vestuaristas, coreógrafos, bailarines, cantantes, músicos, técnicos y personal tras bastidores), de los cuales unos 200 obtenían sus ingresos exclusivamente del ejercicio teatral. 

Y, de momento, 3 de los 12 teatros independientes de la ciudad capital han cerrado definitivamente, ante la imposibilidad de manejar las deudas acumuladas en concepto de alquiler, préstamos, gastos por servicios básicos e inversiones para producciones que no se realizaron, entre otros puntos.  Hasta febrero de 2021, la suma de las cuentas por pagar de los teatros privados ascendía a unos $680,000, incluyendo ya algunos acuerdos, descuentos y arreglos de pago.

Sandy Correa, vicepresidenta de la Astep, destaca también la inversión que habían hecho numerosos productores teatrales en obras que se iban a presentar durante 2020, unos $120,000, para cubrir gastos por derechos de autor, reservas de salas y demás costos que demanda la preparación de un montaje.

Así, el teatro panameño pasó de un año récord en 2019 con 115 obras presentadas (un incremento de 12.75% con respecto a 2018) a un 2020 catastrófico en el que, antes de empezar la crisis sanitaria, se proyectaba registrar unas 150 producciones teatrales, gracias a la aparición de nuevos espacios, como el Teatro Pacific o el Paseo de las Artes.

El Teatro D’ Raquel es uno de los escenarios frescos de la cultura nacional. Inaugurado en noviembre de 2018, el recinto registró el paso de 16 obras en un año de funcionamiento, además de talleres, conferencias y actividades artísticas variadas.

«Iba en marcha de recuperar la inversión por el teatro, los ahorros de mi vida, hasta que apareció la pandemia. Había clases de actuación en desarrollo, teníamos todo listo para presentar la comedia Las Tres Marías en marzo y fechas separadas para otras obras en abril y mayo de 2020«,

puntualiza Daniel Márquez, propietario del teatro.

 

Sin recursos para reacondicionar las instalaciones (luces, mobiliario y equipos afectados por el año de ausencia) y para preparar un nuevo montaje, el panorama es complejo, reconoce Márquez, dramaturgo, actor, director y productor teatral con 33 años de trayectoria.

«Vivo 100% del teatro y ahora debo ver cómo enfrentar unos $40,000 en deuda por el alquiler del local y otro par de miles más por servicios básicos, si quiero mantener el teatro en funcionamiento«.

Cine en suspenso


Cuando el coronavirus obligó a suspender casi toda la actividad laboral del país, 6 largometrajes estaban en proceso de estrenarse en salas y los trabajos de otras 7 producciones documentales quedaron detenidas totalmente, encareciendo sus presupuestos, según información de la Asociación Cinematográfica de Panamá (Asocine).

Estas producciones debían generar unos 4,000 empleos directos e indirectos durante sus procesos de producción en 2020, con un movimiento económico estimado en más de $4 millones «que son la base del sustento de miles de familias panameñas que trabajan en la industria,  talento técnico y talento artístico de una producción,  además del impacto económico que se genera en otras áreas gracias a la grabación de una película, como las locaciones y lugares de rodaje,  restaurantes, hoteles, arrendadoras, transportistas y muchas otras áreas de la economía nacional«, detalla Luis Pacheco, presidente de Asocine.

La industria cinematográfica nacional proyectaba mantener su buen paso en 2020, luego de que en 2019 se registrara un alto movimiento, con la filmación de unos 15 proyectos, entre largometrajes de ficción y documentales.

Uno de los cineastas panameños perjudicados es Arturo Montenegro, que contaba con los dedos de las manos los días que restaban para encender la cámara  y filmar Fama cero, una película con un presupuesto de $650,000 que generaría unos 300 empleos por un periodo de ocho meses. Parte del elenco extranjero que iba a grabar ya estaba hospedado en el país, preparándose para el rodaje cuando todo se tuvo que cancelar, acota Montenegro, director de títulos como Congelados en RusiaDonaire y esplendor o Todos cambiamos.

 

A marzo de 2021, Montenegro esperaba estar preparando el estreno de la película o trabajar en un nuevo proyecto, pero, en contraste, no ha podido avanzar su proyecto y ha visto como la demanda por el resto de servicios audiovisuales que proporcionaba su productora Q Films, se redujo a lo mínimo.

 

«Las personas que trabajamos en la industria audiovisual tenemos que esperar a que las condiciones sean seguras, porque si salimos a grabar ahora que reabrieron y nos encierran de nuevo, perderemos prácticamente todas las tomas y tendríamos que empezar de nuevo, comprometiendo aún más el presupuesto«, explica.

Música ‘al borde del colapso’

Los obreros del pentagrama, en tanto, han solicitado la reapertura y estímulo de las actividades artísticas y musicales, siguiendo los protocolos de bioseguridad, para evitar «el colapso total del sector«. Así lo expresó el Sindicato de Trabajadores de la Música, Artistas y Similares de Panamá, en una carta entregada a mediados de febrero al Ministerio de Cultura, durante la mesa de estudio para la aprobación de una propuesta de ley-estatuto para beneficio de los artistas nacionales.

 

«Como sindicato, creemos que mientras conversamos sobre la ley, debemos reabrir, porque si no, no habrá a quién aplicarla, porque habremos desaparecido«, apunta el documento.

«Con todas las fuentes de ingresos suprimidas hace un año, la situación se ha tornado asfixiante y ha obligado a muchos colegas a abandonar la profesión«,

destaca el percusionista Óscar Cruz, artista con 30 años de agitado ejercicio musical y uno de los líderes de la orquesta La Kshamba

 

La docencia por medio de plataformas digitales ha sido uno de los pocos respiros para algunos músicos durante los 12 meses de pandemia, porque, considera Cruz, a diferencia de otras manifestaciones artísticas, los conciertos implican una obligada interacción, una mayor cercanía, y por ello la virtualidad no es una alternativa funcional.  Y añade: «A los músicos nos gustaría saber en qué momento podremos volver a un escenario, siguiendo las normas y protocolos, pero ni siquiera nos han nombrado [durante las conferencias], parece que nadie se acuerda de nosotros (…) No veo una luz al final del túnel«. 

También levantaron su voz los artistas y gestores detrás de la organización de festivales musicales masivos y de amplia trayectoria que «están a punto de desaparecer por falta de apoyo y de fondos por parte del Ministerio de Cultura«.

 

Los líderes del Festival de Música Contemporánea MusicArte,  Encuentro Internacional de Guitarra, Festival Internacional de Música Académica Alfredo de Saint Malo, Festival Internacional de Coros Santiago Coral, Festival Música Antigua Panamá y  la Asociación Nacional de Conciertos,  resaltaron, por medio de una carta abierta al Ministerio de Cultura, que las actividades musicales que han desarrollado por años

«llegan a todas las edades, estratos sociales y rincones del país; son cientos los conciertos y artistas que dejarían de presentarse y miles las personas afectadas por su desaparición, representando una clara amenaza al desarrollo y formación cultural de Panamá«.

«Nuestras organizaciones, a través de sus actividades, complementan una labor en el ámbito musical que no puede ser realizada en su totalidad por las entidades culturales del Estado, generando un aporte invaluable con efectos multiplicadores culturales y sociales«, agrega la misiva, firmada por los gestores culturales Andrés Carrizo, Arlene Lachman, Isaac Casal, Germán Pinzón Jiménez, Emiliano Pardo-Tristán y Rafael Moscarella.


Golpes a la industria literaria

Antes de que se experimentaran los estragos de la Covid-19, el ámbito editorial panameño presentaba estabilidad y signos alentadores, reflejados en, por ejemplo, la creciente asistencia a la Feria Internacional del Libro, que en 2019 convocó la cifra récord de 110,000 personas. Pero la realidad, después de un año de pandemia, consiste en librerías con deudas amontonadas y ventas mínimas de libros.

 

«Estamos muy golpeados y de las negociaciones que realizamos actualmente para el manejo de las deudas por alquiler y servicios, dependerá que todas las librerías continúen en funcionamiento«, señala Orit Btesh, empresaria editorial y presidenta de la Cámara Panameña del Libro (Capali).

 

En la ciudad operan unas 20 librerías o establecimientos misceláneos que son referencia por sus departamentos de libros. La más longeva es la Librería Cultural Panameña (66 años de funcionamiento), que ha visto reducida las visitas de sus fieles clientes entre un 60% y 70% durante esta reapertura, sobre todo como consecuencia de las restricciones de movilidad los fines de semana, comenta su gerente Luis Fernando Fraguela. 

 

La temporada escolar y la habilitación de despacho de títulos por delivery, son estímulos que, espera Fraguela, ayuden a reactivar las ventas mínimas de la librería para resistir la Covid-19 y «seguir vivos«. 

 

Más industrias en situación crítica

A mediados de febrero pasado, poco más de 90 grupos organizados y empresas que se dedican al entretenimiento cultural (danza, teatro, producción audiovisual y espectáculos musicales y variados, entre otros)  firmaron un comunicado en el que detallaron una serie de medidas para tratar de estimular la recuperación del sector y salir de la «situación crítica» que atraviesan las industrias creativas tras 12 meses de inactividad. Los ministros de Cultura, Comercio e Industrias, Salud y la Alcaldía de Panamá, figuraban como destinatarios del mensaje.

 

Queremos evitar la pérdida de más empleos y el cierre de más empresas culturales. Las entidades gubernamentales y las organizaciones gremiales tenemos la responsabilidad de encontrar una hoja de ruta para el sector de manera conjunta”, anota el productor Ricardo Ramírez, vocero de las 90 agrupaciones repartidas entre la Red de Teatros Privados e Independientes,  la Asociación Panameña de Promotores de Espectáculos, la Asociación Conexión Escénica, la Astep y el Gremio Panameño de Empresas Audiovisuales y Afines, que ha contabilizado, hasta ahora, el cierre de unas 25 empresas que formaban parte de su comunidad. 

Carlos Díaz es uno de los talentos nacionales de las artes escénicas oprimido por la crisis.  Bailarín, coreógrafo, actor y director con unos 25 años de carrera en la cultura, Díaz vislumbraba un prometedor año 2020 con proyectos como clases de danza en academias, obras teatrales en varios colegios, coreografías para funciones regulares en teatros y la participación en una competencia artística que sería televisada, entre otras propuestas.

«Había muchos proyectos en desarrollo y, de un día para otro gracias al coronavirus, todo se canceló.  Intenté retomar las clases de danza empleando plataformas virtuales, pero solo funcionó por un tiempo. Prácticamente no tuve ingresos hasta que una escuela me contrató para armar un espectáculo virtual para animar a los estudiantes. Al final fueron dos espectáculos y esos fueron mis únicos ingresos luego de que empezara la pandemia«, relata el artista que ha participado como coreógrafo y asesor en proyectos como Canta conmigoMuévelo o Tu cara me suena.

 

Cómo aún se vislumbra lejano el retorno a la normalidad en las artes, Díaz abrió un canal de Youtube (Déjame contArte con Carlos Díaz) en el que narra e interpreta historias y cuentos populares de diferentes países para ejercitar el «músculo» artístico en pausa y también como catarsis para hacer a un lado la carga negativa que se deriva de todo lo que está pasando.   

¿Qué le depara a los actores del quehacer cultural?

A pesar de que algunos segmentos artísticos tenían luz verde para retomar el ruedo desde hace un mes, las restricciones de movilidad y operaciones que se mantuvieron hasta el pasado fin de semana han hecho imposible muchas reaperturas o han dificultado mucho las ventas y el intento de recuperación, expone Btesh, de la Capali.

Un escenario similar se registra en el teatro, donde el retorno de las funciones fue anunciado para mediados de febrero, pero no se proporcionó a tiempo las directrices necesarias como el aforo permitido para cada presentación. «Algunas producciones empezaron ensayos una vez pudieron hacerlo según las normas establecidas por las autoridades de Salud, pero no hay fechas oficiales para estrenar ninguna, salvo el teatro ABA que ha dicho que estrenará una en marzo«, comparte Correa, de la Astep.

En el caso del cine, cuando por fin se puedan retomar las grabaciones, los presupuestos de los proyectos resultarán afectados por la gran pausa. «Hay que retomar el trabajo casi de cero tras un año, esta reapertura vendrá con costos adicionales que hay que tener en cuenta en todos los departamentos de una producción cinematográfica por los gastos de bioseguridad, cambiando completamente el proceso de producir en la llamada nueva normalidad«, explica Pacheco, de Asocine.  

El Ministerio de Cultura, señalado por la mayor parte de los gremios culturales al momento de buscar medidas de apoyo y esquemas de trabajo conjunto para resistir la pandemia, ha gestionado durante la crisis sanitaria la asignación de fondos para fomento cultural a través del Banco Interamericano de Desarrollo y ha desarrollado el programa de entretenimiento televiso y digital «Mi cultura en casa”.

Se consultó al Ministerio de Cultura sobre los planes y estrategias para tratar de estimular las diferentes secciones culturales del país durante la reapertura o a futuro, pero no hubo respuesta, como tampoco fueron atendidas las cartas abiertas preparadas por varias de las agrupaciones culturales, solicitando medidas de respaldo. Por tanto, la respuesta común entre artistas, gestores y productores culturales, cuando son consultados por el futuro que espera a las industrias creativas tras un año perdido por el coronavirus, es” incertidumbre total...».