La ciudad histórica

por Amalia Aguilar Nicolau

La historia de las dos Panamá

 

La fundación de ciudades fue uno de los instrumentos más efectivos utilizados por España en el proceso de organización y administración política del Nuevo Mundo.

Dibujo de la aldea sobre la que se construyó la antigua ciudad de Panamá.

La ciudad pasó a ser una pieza importante en el esquema de dominación, convirtiéndose en el mecanismo más poderoso que la Corona española aplicó para el control de los nuevos territorios y el sometimiento de sus habitantes.

Por esto, no debe sorprendernos que lo primero que hicieron los conquistadores al llegar al istmo fue, fundar ciudades.

Hubo mucha experimentación y fracaso como lo demuestran el establecimiento de ciudades como Belén, Santa María la Antigua del Darién, Acla y Nombre de Dios, todas abandonadas años después de instaladas.

El avistamiento del Mar del Sur señala el fin de la etapa experimental en el proceso de creación de ciudades, pasando, a partir de la llegada al Istmo en 1514 de Pedro Arias Dávila, a una fase en la que España busca asegurar la conquista y ampliar sus exploraciones.

Pedrarias llega con instrucciones precisas: fundar la primera capital en el Pacífico con carácter permanente.

Es así como Pedrarias junto a un grupo de conquistadores fundan el 15 de agosto de 1519 Nuestra Señora de la Asunción de Panamá. Este asentamiento se convirtió en la primera ciudad europea permanente en la costa del Pacíficoamericano, reemplazando a Santa María la Antigua del Darién y Acla.

De Panamá partieron las expediciones que conquistaron el Perú en 1532 y se establece como pieza fundamental de una de las más importantes rutas de comercio. Por las ferias de Nombre de Dios y Portobelo pasaba la mayor parte del oro y la plata que los españoles sacaron de América.

El 15 de septiembre de 1521 recibió mediante real cédula el título de ciudad y un escudo de armas de parte de Carlos V y se estableció el cabildo.

En 1539 y en 1563 ocurrieron los grandes incendios que devastaron parte de la ciudad, sin embargo, esto no detuvo su desarrollo. Ya para el año 1670 su prosperidad alcanzaba cerca de 15 mil habitantes.

Sin embargo, la ciudad fue azotada por tres incendios y un terremoto en 1621.

Dibujos que muestran como fue la batalla entre el pirata Henry Morgan y los habitantes de Panamá

Dibujos que muestran como fue la batalla entre el pirata Henry Morgan y los habitantes de Panamá

El 28 de enero de 1671 el pirata británico Henry Morgan junto con una banda de 1400 hombres ataca y saquea la ciudad. Pero se encontraron con bastante resistencia de los pobladores.

Al final, contrario a lo que muchos creen, a los piratas no les fue posible saquearla totalmente ya que el general de Tierra Firme, Juan Pérez de Guzmán ordenó explotar los depósitos de pólvora de la ciudad provocando un gigantesco incendio que la destruyó casi completamente.

La destrucción de la ciudad de Panamá, después del ataque de Morgan, fue el hecho que permitió que las autoridades tomaran la decisión de trasladarla hacia un sitio con mejores condiciones para la población y con una posición más estratégica.

La nueva ciudad de Panamá se ubica en el “sitio del ancón”. Una ensenada cercana al puerto de Perico y que permitía establecer un mejor sistema de defensa para evitar nuevos ataques de piratas y corsarios.

Esta ubicación había sido propuesta por el célebre ingeniero Juan Bautista Antonelli en 1587 cuando vino al istmo para la fundación de Portobelo. De manera que en 1673 se funda la nueva Panamá en lo que hoy conocemos como el Casco Antiguo, una ciudad urbanísticamente más perfecta que su predecesora.

Antes de la conquista: antepasados panameños

Las ciudades, como la de Panamá, nacieron para desde ellas emprender la conquista y colonización de vastos territorios, lo que implicó someter y aplastar a naciones y culturas originarias portadoras de una enorme riqueza material y cultural.

Sin embargo, la función del istmo de Panamá, como puente terrestre entre el norte y el sur del continente americano fue un factor geográfico determinante en el desenvolvimiento de las poblaciones originarias, que se establecieron aquí desde hace más de 14 mil años, mucho antes de la llegada de los españoles.

Al llegar los europeos al istmo se encontraron con grupos conocidos como “los de la lengua cuevas”. Se calcula que la población indígena alcanzaba entre los 300 a 500 mil personas y ya para 1520 se redujo a 25 mil, como consecuencia de un verdadero exterminio que barrió del mapa los vestigios de sus asentamientos y su cultura.

Recientes descubrimientos realizados en la necrópolis de El Caño, en el valle del río Grande en Coclé, por los arqueólogos Julia y Carlos Mayo, explican que los funerales y las grandes tumbas construidas en este lugar fueron usadas por las sociedades ubicadas en la parte central de Panamá para representar su orden social y sus creencias religiosas, pero también como espacio para la propaganda política.

En esta región los arqueólogos han trabajado a intervalos desde 1920, descubriendo ruinas y entierros con artefactos sorprendentes. En estos se encontró oro trabajado y otros metales, huesos tallados, conchas, textiles, joyas con piedras semipreciosas y cuencos.

Estos yacimientos arqueológicos precolombinos han servido para entender las estructuras sociales y los sistemas de parentesco características de los antiguos pobladores del istmo.

Tanto las tumbas de Sitio Conte como las de El Caño se observa la distribución desigual de la riqueza y como con el tiempo el poder pasó de ser social a ser estructural en base a privilegios.

La vida y muerte de los “guerreros del oro”, como se les ha llamado popularmente se exhibe en el Museo de El Caño. Por primera vez los panameños podemos apreciar, después de décadas de saqueo y abandono, la riqueza de las cultura autóctonas que poblaron nuestro país desde antes que los europeos pisaran el istmo.

La evidencia arqueológica y genética nos habla de una historia que empezó en el istmo mucho ante de los 500 años que celebramos hoy. Una historia que nos dice como fueron los primeros pobladores y del fuerte impacto que tuvo la conquista española a la que solo algunos, sobrevivieron y que hoy podemos reconocer en los siete grupos originarios que forman parte fundamental de la diversidad cultural panameña.

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El ADN nos habla de nuestros ancestros

La celebración de los 500 años de la fundación de la ciudad de Panamá es más que importante, sobre todo para preguntarnos, ¿quiénes eran los pobladores del istmo antes de la llegada de los españoles? ¿Existe alguna relación entre ellos y los actuales panameños?

La respuesta a esta interrogante es que sí, según el arqueólogo Carlos Fitzgerald, quien junto a un equipo de investigadores compuesto por el genetista Freddy Rodríguez y el arqueólogo Álvaro Brizuela, presentaron los resultados de un estudio de ADN en el reciente Congreso de Antropología e Historia.

En esta investigación, se analizaron restos precolombinos tardíos encontrados cuando se hizo la ampliación de la Vía Cincuentenario de Panamá Viejo. Aunque se descubrieron 28 entierros, a los que se les hizo un trabajo de arqueología de rescate muy bien documentado, solo se analizaron genéticamente 10 de 43 individuos encontrados, con el propósito específico de conocer si compartían rasgos comunes con los Cuevas.

Resultados de investigaciones genéticas demuestran que existía una población que habitaba el istmo de Panamá en el periodo tardío antes de la conquista.

Los Cuevas es el grupo originario que habitaba sobre todo en el área de lo que hoy conocemos como la provincia de Darién, antes de la llegada de los españoles. Se cree que ellos dieron el nombre a la ciudad de Panamá, que se levantó sobre una aldea de pescadores. Los Cuevas fueron exterminados poco después de la conquista lo que permitió el asentamiento de otros grupos en la región como los Gunas.

El ADN nos habla del pasado

Desde hace varios años se vienen desarrollando en nuestro país varios proyectos que utilizan el componente genético, o ADN, para conocer rasgos en las poblaciones, tanto antiguas como contemporáneas, del Istmo de Panamá.

Por una parte, el proyecto Art Empire (Una arteria del imperio. Conquista, comercio, crisis, cultura y el enlace como Panamá), liderado por historiadora Bethany Aram, busca analizar muestras humanas antiguas excavadas en la catedral de Panamá Viejo.

Esto busca trazar la marca genética del contacto europeo; es decir, cómo este importante evento influenció y cambió los rasgos de los pobladores de nuestro país.

 

Los restos óseos encontrados fueron sometidos a varias pruebas de ADN y ese material genético da luces sobre la relación entre los antiguos habitantes del Panamá y los actuales.

Un segundo proyecto es el desarrollado por el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (Icges), Genealogía y distribución racial de la población panameña, que en una primera fase comprobó, a través del ADN de un grupo de panameños y panameñas de ahora, que la población posee un porcentaje predominante de linaje materno amerindio (83.5%), seguido de africano (14%) y el euroasiático (2.2%). Por el lado paterno, el linaje destacó lo contrario: el euroasiático (73%), seguido del africano (17%) y el amerindio (9%).

Para Maribel Tribaldos, a cargo de esta investigación, estos resultados revelan que la población panameña por su lado materno tiene un altísimo legado de genes nativos, mientras que por la línea paterna, demuestra una profunda marca de los colonizadores europeos.

La conclusión a la que llegan los estudiosos es que los colonizadores europeos que llegaron al continente eran hombres en su mayoría. Solo los que se trasladaron para ocupar altos puestos para la corona traían a sus familias, por eso aquí se mezclaron con las nativas, dando paso así la diversidad del mestizaje.

Llenar los vacíos

Para el arqueólogo Carlos Fitzgerald, cuyo proyecto Filogenética arqueológica de vestigios Cuevas en Panamá contó con financiamiento de Senacyt:

“Nosotros somos el resultado de un proceso de cambio, de transformación de las poblaciones que implica mezcla y unificación genética entre diferentes poblaciones”, explicó Fitzgerald.

Las excavaciones tuvieron lugar hace varios años cuando se movió la calle que pasaba en medio de Conjunto Monumental de Panamá Viejo. Cuando se excavó para realizar la nueva ubicación de la calle, se encontraron restos arqueológicos.

Por lo general, la investigación derivada del análisis genético siempre va de la mano la investigación arqueológica, que es la que aporta el contexto.

En estas excavaciones se encontraron 28 enterramientos que contenían alrededor de 43 individuos. A 10 de ellos se les sometió a los exámenes de ADN correspondientes.

Los huesos no están aislados. Se encuentran rodeados de artefactos como piezas de cerámica, de piedra. También su ubicación nos cuenta una parte de esta historia. En este caso, los individuos se encontraron en una parte específica de la antigua ciudad de Panamá, lo que también ofrece información sobre las características del sitio y las ventajas que ofrecía esa ubicación para el grupo.

Una serie de información documental recabada a los largo de la historia en libros, mapas, fotografías, dibujos, arroja luces sobres las culturas que habitaron las aldeas sobre las que hace 500 años se construyó la ciudad de Panamá. Pero quedan vacíos.

Varias vasijas de cerámicas y restos óseos demostraron la existencia de habitantes en el área de Panamá Viejo.

“En primer lugar, la distribución espacial o la distribución territorial de los grupos humanos en el Panamá antiguo nos permite saber que los gunas migraron, los emberá y los wounan también migraron a un territorio que antes era Cuevas, pero también podemos saber que los Cuevas eran parientes de los gunas. Que pertenecían al mismo árbol común que nosotros denominamos culturas chibchenses, por los idiomas que hablaban y que todos están emparentados desde el norte de Suramérica hasta básicamente Honduras y Nicaragua”, afirma Fitzgerald.

Estos estudios de ADN nos hacen entender desde un punto de vista genético la diversidad cultural. Es un paso más para saber que desde nuestro nacimiento como país fuimos un paso importante de migración de gente de Europa, Asia, África y nativos americanos, vocación que tenemos que seguir desarrollando para abrirnos a un mundo cada vez más agitado por la intolerancia y la negación del otro.

Entrevista a Carlos Fitzgerald realizada en agosto del 2018 sobre el “Proyecto de investigación filogenética arqueológica en el centro y oriente del istmo panameño”.